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Miguel Lopez Castanier

Comemos en tu casa. Yo llevo el vino

Mi nombre es Juan, Juan López.

Tras muchos años dando tumbos por la hostelería, por mi edad y mis pocas luces, he terminado de huele braguetas, para una compañía que os sonará. Así que no os la digo.

Mi especialidad son los divorcios. Saco más cuanto más torticera sea mi actuación; y a lo largo de mis tres últimos años, me he hecho con una larga lista de enemistades de ambos sexos. Pero menos que en mi anterior trabajo, que salían como setas en otoño. Y sin esforzarme.

Esta mañana, mientras desayunaba por enésima vez en cierto bar, intentando ligarme a la mujer del propietario, cliente de la Casa, me sonó el móvil. Un viejo amigo de mi anterior época, aún me quedan, al que llamaremos JF, quería contarme algo, a la hora de comer, y en mi casa.

Solo añadió que el traería el vino. Uno ligero y complejo. Así que me fui, dando rienda suelta a una de esas miradas que traspasan a las moscas de la fruta, demostrando que tras mis lisonjas, ella no tenía que hacer. Como andaba por las proximidades, me dí un paseo por el Mercado de Maravillas, abriendo mi apetito de cocinar e intentando imaginar a que vino se refería JF.

Reconozco que me costó elegir algo frugal, para alguien que se cuida como él. Sus carreritas. Sus paseos con su churumbela y señora por playas; y demás tonterías que hacen algunos, cuando les llega la hora de sentar la cabeza. Cabezota diría yo. Pero terminé decidiéndome por comprar unas sepias pequeñitas y níscalos.

Tras tan heroico negocio, me encaminé hacia mi casa, no sin antes pararme por el bar de un viejo colega a saludarle, mientras me metía un vinito bien estructurado, y un pincho de tortilla bañado con ajoarriero.

Nada que objetar a estas horas del día, aunque tuviese que cruzar medio Madrid en metro para esta mínima hazaña. Un paseo frugal hacia casa:

– Llegas con 5 minutos de retraso – lo soltó con una enorme sonrisa, que le abarcaba la mitad del cuerpo – y esto se tiene que abrir ya.

Nos dedicamos un rato a contarnos nuestras vidas, la mía plagada de medias verdades y alguna que otra trufa perlada de mentiras; y ya en mi cocina, le pasé un abrebotellas, para ver si sacaba ya de su mochila esa pequeña joya que solía descubrir JF. Yo deseando conocerla, o peor, saborearla por primera vez. Sacó un El Castro de Valtuillo 2014.

Lo pronunció lentamente, mientras observaba mis ojos, para descubrir si lo conocía o no.

Deleitándose sonriendo con los ojos entreverados de sal marina.

– De tu ídolo Raúl Pérez. – No sonó sarcástico a mis oídos, ya que es verdad. Pero su sonrisa parecía pedir un autógrafo. – Oh. Soy cojonudo. Te pillé en orsay. Otra vez.

Me puse a limpiar las setas, las sepias, o sepionets, un par de dientes de ajo. Y tras tanto alboroto, procedí a empezar.

Salteé, con un poco de aceite y el ajo picado, en cuanto cogió color, las sepias. En cuanto se envolvieron en sí mismas, añadí las setas troceadas en virutas largas, y sin mediar palabra, un par o tres de tazas de arroz de Calasparra, que yo sí que tenía hambre tras el paseo por el Palacio Real .

Lo sofreí a toda velocidad, con un toque de azafrán y una pizca de pimentón picante y lo mojé con el doble de un caldo de cocido, que reservaba para mí. Si es que soy demasiado generoso. Y ya podía ser bueno el puñetero vino.

Lo olí una vez más y me volví para enfrentarme a su silencio, su sonrisa de vencedor y mi copa de vino que sostenía ante mis narices.

Pero que hp eres JF. – Lo olí y esos aromas de la mencía, con esa acidez tan bien sostenida, le iban a ir genial al arroz. Y comencé a escuchar su historia, con el reojo posado en la sartén.

Fuego fuerte diez minutos. Lento otros diez, pero la historia nos pilló comiendo y pese a ser hombres hacíamos varias cosas a la vez. Él hablaba y yo escuchaba.

Disfrutábamos de ese maridaje tan poco habitual, pero extremadamente delicioso. No es por echarme flores, pero cómo me salió el arroz y lo que me contó, es una historia que ya me pensaré si contarla, por que no sé si coger este caso.

En el fondo soy un cobarde.

Juan Miguel López Castanier

INGREDIENTES Arroz sepia

200 gr sepia
200 gr arroz bomba
2 dientes de ajo
200 gr setas
1 pellizco de azafrán
1 punta de pimentón ahumado picante
450 cltr de caldo de carne
Sal y pimienta

Miguel López Castanier

Cocinero, escritor, amante de la comida a fuego lento. Escritor por pasión y soñador por castigo.

Aventurero de las letras y los fogones.

Madrileño con raíces marsellesas, con 30 años de experiencia en las cocinas más elegantes y exclusivas del mundo.

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