Abrir y listo. Lo del vino y las conservas tiene mucho sentido y, además, muchas cosas en común. El primero es el más evidente. Descorchar y servir. Ambas son formas de transportar y mantener intactas sus propiedades durante largo tiempo. Siempre en las mejores condiciones, con todos los nutrientes y durante más de 100 años. No es ninguna exageración, pero tampoco hace falta esperar tanto para disfrutarlas. Pues mucho más lejos en el tiempo hay que ir para encontrar la segunda relación. Napoleón fue Emperador de Francia, Copríncipe de Andorra, Rey de Italia y Protector de la Confederación del Rin. Eso entre otras muchas cosas. Lo que siempre se olvidan mencionar los libros de Historia es que fue el auténtico impulsor de las latas y las conservas. Impulsor, pero no el inventor, que ese fue menos conocido: Nicolas Appert.
Latas y vino: maridajes Imperiales
Imprescindible para la correcta alimentación de las tropas durante la expansión del Imperio. Tan sencillo como envasar herméticamente carnes, pescados, legumbres y verduras ya cocinados. Calentar y degustar. Adiós al botulismo que mermaba a su ejército. Igual que el corcho en el vino. De hecho, el cierre de las primeras conservas era de este mismo material. Eso sí, sujetas bien fuerte con alambres. Pues así, entre lata y lata o, mejor dicho, entre tarro y tarro, llegó su hermano José a España y van y le llaman… Pepe Botella. ¡Toma ya! Ahí está la segunda relación. Maridajes en conserva. No hay mejor forma de disfrutarlas que con una copa en la mano. Desde entonces la cosa ha evolucionado mucho. Luego llegaron las latas y ahora en aluminio se pueden encontrar algunas de las mejores delicias del mundo. Eso sí, después al contenedor amarillo.
Atún y Zalema de Huelva: maridajes de fondo de armario
Lo llamen como lo llamen, ventresca, atún o bonito del Norte, no hay despensa que no esconda, al menos, una lata. El comodín del público de las conservas y tan socorrida como hacer una tortilla, dar sabor a un plato de pasta o, sencillamente, alegrar una ensalada. Eso, sin olvidar la ensaladilla, los huevos rellenos o, incluso, las croquetas. El uno para todos y todos para uno de la cocina. Lo mismo con sardinas, melva, caballa o anchoas. Y es que el pescado es el rey de la hojalata. Pues su mejor maridaje también se encuentra muy cerca del mar. Zalema de Huelva en estado puro. Personalidad atlántica y pasión mediterránea. La alegría y vitalidad del Sur.