Inevitable. Es algo que va a suceder más tarde o más temprano y le puede pasar a cualquiera. Pues si dicen que solo hay dos tipos de pilotos, los que han aterrizado sobre la panza y los que algún día lo harán, con el vino pasa algo parecido. Por un lado, están a los que ya se les ha roto el corcho y por el otro, a los que aún no les ha ocurrido. Pasará. Tiempo al tiempo. Los accidentes ocurren constantemente y, además, llegan siempre de la forma más inesperada. Sin previo aviso, aunque puede haber señales.
Por suerte suele tener solución. Más sencilla, por cierto, la del corcho que la del avión, aunque a nadie le gusta derramar ni una gota. Y es que, si hay relaciones complicadas, la del corcho y el vino es, sin duda, una de las más representativas.
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El corcho y el vino una relación complicada
Corta, pero intensa. Tan solo 5 centímetros de largo. Lo primero que se quita y también que se aparta. El último obstáculo antes de disfrutar del vino. Tortura para muchos, pero de vital importancia para la conservación del vino. Gran solución para su transporte de la época de los romanos que fue olvidada hasta tiempos de Dom Perignon quien volvió a popularizar de nuevo su uso. Eso sí, con otro fin. Solo buscaba un sistema para que el champagne no escapara de la botella durante la fermentación. Sea como sea, el corcho evita la oxidación del vino y prolonga su vida. Curioso, porque la corteza de alcornoque con la que se fabrica puede contener hasta el 90% de aire. Poroso, maleable y muy flexible, aunque va perdiendo elasticidad con el paso del tiempo. Pues por ahí es donde pueden empezar los problemas.
La causa de todos los males: ¿por qué se rompe el corcho?
Tanto es así que es muy frecuente que muchas bodegas los reemplacen cada 15 o 20 años para sus vinos de guarda más especiales y prolongados. Pero, antes de buscar las causas, hay que ponerse en situación. Siempre pasa con esa botella que se reserva para un momento especial. La del fondo de la despensa y la de los grandes instantes. Demasiado tiempo esperando para ser abierto y aún más expectación. Y eso es lo peor de todo, nunca sucede en la intimidad. Siempre ante la atenta mirada de un público que está deseando que se haga el desastre para poder decir aquello de ya te dije que… En realidad, lo están deseando aún más que probar el propio vino. Pues ahí está la primera causa de que se rompa.
Por una incorrecta conservación:
Y es que una despensa o un aparador en el salón no es el lugar más adecuado para conservar el vino. Luz, temperatura, humedad, posición, olores, …. Todo afecta y la calefacción se puede convertir en su peor enemigo. No hay mejor para guardarlo y mantenerlo siempre en las mejores condiciones que en la bodega que se elaboró. Imposible simularlas y recrearlas en casa. Lo mejor, por tanto, comprarlas directamente a la bodega en CataTú y al recibirlas… ¡cuatro ideas!: Entre 12º y 16º, 80% de humedad, tumbadas y lo más lejos posible de los rayos del sol. Además, siempre hay que tener en cuenta que un corcho seco es la primera señal de deterioro del vino.