La cara de sorpresa que debieron de poner los vecinos de Zaragoza el día que fueron a pedir una cerveza y les preguntaron si la querían sin… ¿Sin aperitivo? Pues no. Allí el pincho no se perdona y menos si es de migas, ternasco o de tortilla. Eso fue allá por el 1976 y la polémica estaba servida y en botellines. Los de Ámbar que apostó por lo que en Estados Unidos llaman casi cerveza desde tiempos de la Ley Seca. Apuesta arriesgada la del 0,0%, pero 40 años y millones de litros después, España no solo es el país en el que más se bebe sino también el mayor productor del mundo. Sin alcohol, sin calorías, sin sulfitos e incluso sin botella. Mucho más difícil parece lo de la mermelada. 60% de azúcar, entre la añadida y la de la propia fruta, y van y también se la quitan.
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¿Qué son los vinos SIN alcohol? Mucho más que mosto
Lo mismo con las galletas o los pasteles y les siguen llamando dulces. Sí, más de la mitad de su composición suprimida de golpe y manteniendo su esencia. Increíble, pero cierto. Las tendencias están cambiando y los gustos de los consumidores también. Pues el vino no iba a ser menos y tiene una ventaja. El alcohol en el vino, en el mayor de los casos, tan solo supone el 15% de la composición total del producto. Eso sí, parte inseparable desde la más remota antigüedad. Siempre con alcohol. Ahí está la clave. De hecho, para que una bebida sea considerada vino debe ser el resultado de la fermentación alcohólica completa o parcial de los azúcares de uvas frescas si no solo sería zumo. Más bien mosto. También tiene su público, pero eso ya es otra cosa. Igual que con la mermelada o la cerveza, pero algo más complejo.