Desde luego que hay vinos que hay que probar al menos una vez en la vida antes de morir y más si están incluidos en la lista de los 100 mejores del mundo por una de las publicaciones más prestigiosas del sector como es The wine spectator.
No es fácil estar entre los mejores y más con la cantidad de excelentes vinos que se producen en la actualidad a lo largo y ancho del planeta.
Si ya es complicado incluir un solo vino en este ranking anual, casi un privilegio, tener dos es casi imposible.
Todo un reconocimiento al trabajo bien hecho, a un estilo propio capaz de seducir a los críticos más exigentes del mundo y a una forma diferente de hacer las cosas, creatividad.
Edetària con Joan Àngel Lliberia lo ha conseguido con Vía Terra blanco que ocupa el puesto 47 en la lista The most exciting wines of 2018.
El poder de la Garnacha en sus diferentes variedades porque Vía Terra Selection también ha sido incluido por la revista entre los 100 vinos más valorados de 20 dólares o menos.
Todo un éxito de la apuesta por la creatividad de la bodega de Terra Alta y por la máxima expresión de su terruño. Expresividad, naturaleza, sostenibilidad y autenticidad en una botella que también ha sido reconocida por otros grandes especialistas.
Sin ir más lejos James Suckling ha puntuado, este mismo año, por encima de 90 a varios de sus vinos: La personal (94), Edetària Selección blanco (93) y, precisamente Vía Terra blanco (92).
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Vinos que hay que probar una vez en la vida
El camino a través de la Vía Edetana
Y la cosa no queda ahí. No hay concurso, publicación, crítico, ni paladar que se le resista. Tanto es así que, recientemente, tanto la revista Decanter como la Guía Peñín revalidan estas altas puntuaciones para Edetària y sus vinos.
92 y 94 puntos respectivamente para La Personal, entre otros vinos de la bodega. El camino no ha sido fácil como por las antiguas calzadas romanas que cruzaban Europa camino de Roma o por la Vía Edetana que unía la actual Tortosa con Zaragoza, a la que le debe su nombre.
Todo un homenaje a la cultura mediterránea de la cual, por supuesto forma parte, y donde el vino ha sido y es desde siempre un elemento central.