Repito, y en puchero, comencé por el orden correcto. Pensar en ti, y dejar que mis ojos sonrían por mi.
Preparación.
El aceite con el ajo y al fuego. Moderado, o andante. En cuanto cambie el ajo de color, agregamos cebolla y puerro.
No sé si lo dije que le dejo bastante verde al puerro, por que su sabor así un poco picante, me recuerda los paseos por algún monte contigo.
Por cierto, te enviaré foto del pico de enfrente. Pintado de copos desde la cima. Y abriendo el vino blanco de Extremadura, recordé, por su olor, el día que te hice un placage suave y temeroso, en la Dehesa de la Villa. Allá al principio de nuestros paseos. De esos besos quejados. Jajaja . Y le dí un trago.
Ya las verduras pochaditas, ya casi cogiendo color, agregue la patata, como con prisa de que llegues, ya.
Removí y lo cubrí de un caldo de pollo que ayer me había dejado para un arroz. Subí ligeramente el fuego, para darme tiempo de ir a la ventana, o mejor a la puerta a pisar esa nieve, que unos rayos de sol querían empezar a aguar. Como se aguan mis ojos algunos días por la lejanía.
Volví a recoger la copa, y su aroma ya se mezclaba con los olores del fogón y me hacían salivar.
Así que saqué los puerros del horno, y a modo de aperitivo, que no guarnición aliñé con unos pocos mejillones en escabeche. Y casi me puse a hablar contigo, mientras veía desaparecer el platillo. Otro platillo que te encanta. Te quiero.
Corté en finos tacos la panceta y el pan. En una sartén puse a socarrarse la panceta, a fuego suave, y solo al dorar, añadimos el pan hasta que haga picatostes. Hum.
30 minutos después la patata tuvo a bien estar cocida. Y yo, vigilándola, agregué un poco de agua, por que no se secara, y la nata. Puse a punto de sal, nuez y pimienta, y lo pasé por un pasapurés, mientras recordaba un paseo por el canal de una ciudad. Y tu sonrisa fundiendo mi cerebro.
Y los aromas de puchero y vino , remedando un cansino sonreír. Triste.