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Amézola De La Mora Min (1)

La elección de los nombres de los vinos de una bodega es siempre una decisión tan difícil como seleccionar las uvas para su elaboración. Nunca es casual. Más allá buscar la fácil complicidad facilitando su identificación, suelen hablar de la tierra, la historia y el origen.

De lo que hace diferente al vino y a la bodega. No son simples de juegos de palabras. A veces sin ni siquiera descorchar aún la botella, con solo mirar la etiqueta, ya se intuye lo que espera dentro.

Y esto es lo que sucede con las de Amézola de la Mora con nombres como Señorío, Viña y Solar. Mientras en el interior de todos sus vinos aguardan calificaciones de más de 90 puntos de algunos de los principales críticos como Robert Parker y Tim Atkim.

Amézola de la Mora, un Château en la Rioja.

Vinos con sabor a familia

Tres palabras para hacer referencia a una única cosa. A las tierras que han pertenecido a una misma familia desde hace más de siete siglos. Amézola de la Mora es así una de las pocas bodegas que han mantenido durante cientos de años la propiedad de sus viñedos.

Y solo elaboran sus vinos con los frutos de su propiedad, pero eso ya es otra historia. La de esta familia noble riojana se respira con solo cruzar los muros piedra de su bodega. Siglos también de historias bajo los calados subterráneos decimonónicos y en los salones sociales de estilo e inspiración medieval.

Visitarla es una experiencia tan única e irrepetible como probar sus vinos. Pero como en todo, y más si es una cuestión de familia, siempre hay un principio.

Viña Amézola Crianza, un clásico de la Rioja.

Mantiene toda la esencia de un crianza de Rioja al que añade un plus que lo convierte en el vino perfecto para regalar, disfrutar en comidas o simplemente relajarse con una copa en la mano.

PRECIO POR
BOTELLA:
9.50€

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Bodega noble y fiel a los orígenes

La de esta bodega de Rioja se remonta a principios del s.XIX. Corría el año 1816 cuando Domingo Salustiano Manso de Zúñiga y Areyzaga, VIII Conde de Hervías y Vizconde de Negueruela, inició su construcción.

Lo hizo a lo grande. En la localidad de Torremontalbo donde las propiedades de la familia se remontan más de 600 años atrás. Con piedra de sillería y con galerías subterráneas con arcos tan anchos que eran capaces de albergar grandísimas cantidades de vino.

Siempre a una temperatura constante de 15º.

También a lo alto, en sucesivas ampliaciones. Siempre manteniendo el estilo para dotar a Amézola de la Mora unas instalaciones modernas y clásicas a la vez. Todo lo necesario para hacer vinos que respiren la nobleza del lugar y de sus orígenes.

Solar de Amézola, vino icono de La Rioja Alta

Con una crianza de 30 meses, solo las mejores uvas de los viñedos de la bodega pueden formar parte de esta auténtica “obra de arte”. Un vino perfecto para dejar que el tiempo pase despacio.

PRECIO POR
BOTELLA:
26.00€

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 Vinos con estilo, nobleza y señorío

Desde entonces mucho han cambiado las cosas. Primero llegó la filoxera. Se acercaba el fin de siglo y los viñedos quedaron absolutamente devastados.

Tanto que sobre esas mismas tierras se plantó cereal. La bodega quedó ya solo para almacenar el grano.

Después, casi 100 años después, los hermanos Íñigo y Javier Amézola quisieron volver a sus orígenes.

Retomaron la tradición vitícola. Hasta donde alcanzaba la vista, donde había cereal regresaron las viñas. Y con ellas, como no podía ser de otra forma, el vino con estilo, nobleza y señorío. Vinos siempre de calidad, de acidez elevada, e intenso color.

Eso sí que no ha cambiado con el paso del tiempo.

Iñigo, un gran blanco de Rioja

Sin duda, uno de los grandes secretos de La Rioja son sus vinos blancos de crianza elaborados con variedad Viura y este es el caso de Iñigo Amézola blanco reserva de 2012.

PRECIO POR
BOTELLA:
18.00€

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Historia, tierra, familia y uva.

Las sesenta hectáreas de viñedos propios de las que dispone Amézola de la Mora están todas situadas en torno a la bodega.

Inspirados, así, en los châteaux franceses, solo utilizan sus propias uvas en sus vinos. Control total de la producción y su calidad. Tempranillo, Mazuelo, Graciano y Viura sobre suelos arcillosos-calcáreos, pedregosos y calizas de los que se autoabastece.

Cuidados con el máximo esmero y de los que son ahora responsables la quinta generación familiar. María y Cristina, hijas de Iñigo, las que fueron las bodegueras más jóvenes de España, continúan con la tradición.

Aires más jóvenes y frescos para mantener la misma filosofía y elaborar vinos nobles con sabor a familia.

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