Vinos para congelados. Ya no están tan de moda, pero lo estuvieron allá por los años 90. Cuando el electrodoméstico más vendido eran las freidoras y no falta en ningún mercado el puesto de congelados. Allí se podía encontrar un poco de todo y, además, siempre parecía haber algo nuevo. La verdad es que tenían sus ventajas. Cenas en apenas unos minutos y, además, de lo más irresistibles. A la sartén y listo. El mejor remedio para los olvidos del qué cenamos hoy. Siempre a mano y en perfectas condiciones.
Sin embargo, lo cierto, es que durante un tiempo tuvieron bastante mala prensa y empezaron a circular un montón de falsos mitos que aún se mantienen hoy. El tiempo demostró que no eran tan malos en sí mismos sino por el aceite en el que se freían croquetas, palitos de pescado, calamares a la romana, San Jacobos y un sinfín de productos más.