Una cata es la interpretación de las sensaciones que recibimos a través de nuestros sentidos. En la cata de vino utilizamos principalmente la vista, el olfato, el tacto y el gusto.
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Prescindimos del sentido de la vista
En la cata ciega solemos prescindir del sentido de la vista, ¿por qué?.
Porque por desgracia, el sentido de la vista suele predisponer a la hora de realizar una cata, y si vemos la etiqueta del vino que vamos a catar o conocemos el precio, nuestro cerebro se prepara para recibir unos impulsos que a veces pueden estar condicionados por ideas preconcebidas en catas anteriores.
La cata ciega puede ser de dos tipos:
- Cata a ciegas en la cual vemos el producto, es decir el color del vino.
- Cata a ciegas en la que solo podemos usar el sentido del olfato y el gusto, por lo que no podemos ver ni siquiera el color del vino que vamos a probar.
Lógicamente la cata ciega, sin ver ni tan siquiera el color del vino, es mucho más complicada, pero a su vez nos suele aportar mayor detalle de lo que percibimos a través de nuestro gusto y olfato.