Enoturismo de salón, y es que no hay duda. ¡Como en casa en ningún sitio!, pero ya va apeteciendo salir a ver qué pasa por ahí fuera. Home, sweet home que dicen también a miles de kilómetros y si tiene jardín y piscina para refrescarse, mejor que mejor.
Dicen que se han disparado las ventas de las prefabricadas en las últimas semanas, pero a la mayoría no les van a caber en el salón. Hay ganas de aire libre ya sea en forma de playa o de montaña. Se necesitan paisajes y ya no sirven los de televisión. Es necesario estimular los sentidos y eso que las salas de estar han dado la vida durante meses.
La mayoría, aunque a otros les parezca imposible, han trabajado en la misma mesa en la que comen y, por cierto, hacen los deberes los niños. Todo ha girado en torno a cuatro paredes y empiezan a ser necesarias nuevas sensaciones y emociones.
Vinos para viajar y descubrir paisajes
Y esa es una capacidad que solo tiene el vino. Todo un espectáculo de color, infinidad de aromas y aún muchos más sabores se encierran en cada botella para trasladar a quien los prueba directamente desde el salón hasta los viñedos en los que se produce. Imaginación al poder, pero estimulando los sentidos.
Durante estos meses hemos visto prácticamente de todo. Eso sí, a través de las redes sociales. Maratones de pasillos, ciclismo de trastero, natación de bañera, o escalada de estantería. Por ver se ha visto hasta esquí alpino sobre tarima y parquet. Disciplinas que deberían ser consideradas para los Juegos Olímpicos de Japón por su gran aceptación en grupos de whatsapp. ¡Han pulverizado las audiencias! Pues bien, ahora le toca el turno al turismo de interior, pero de interior de casa, y también al enoturismo de salón.