Tierra Savia, la bodega al Norte del Sur. Desde el balcón de Andalucía. Mirando a la llamada Sierra Morena de Sevilla y a un solo paso de Triana, la Giralda, la Torre del Oro y, también del Guadalquivir.
Tierra mágica y llena de duende, aunque no sea para elaborar vinos muy flamencos. Eso sí, llenos de vida y personalidad. El lugar de la felicidad en el que ya elaboraban hace más de 7 siglos.
De las más 4.500 hectáreas de viñedo que había en tiempos de Cervantes aún quedan cientos de lagares dispersos por las montañas. También otras tantas ánforas centenarias que lo contenían y criaban. Si para el Manco de Lepanto los vinos de la zona eran de los mejores de la Península, Colón no quiso partir hacia América sin llenar las bodegas de aguardiente de Cazalla.
Pues, precisamente, en esa tierra alegre, llena de vida e historia se encuentra bodegas Tierra Savia. En el lugar que da nombre al famoso aguardiente, Cazalla de la Sierra.
Pueblo blanco, de cal, barro, madera, y, sobre todo, con carisma. No solo el de sus gentes sino también el de su tierra en la que están convencidos de que el vino tiene memoria. Para recuperarla, dos jóvenes de allí mismo han puesto todo su esfuerzo e ilusión en hacerle recordar.
Dos amigos de los de siempre convencidos de que la felicidad y la emoción puede (y debe) embotellarse. Todo para poderla llevar hasta el último rincón del planeta.
Y alegría es lo que no les falta. Tampoco uvas felices para elaborar vinos vivos, únicos, con alma y tan personales como la propia tierra.
Contenidos
Tierra Savia, la bodega al Norte del Sur.
La tierra de alegría y de uvas felices
¿Cómo no iban a serlo en lugar así? Viñas que crecen entre dehesas de alcornoques en pleno monte Mediterráneo. Allí donde los mejores cerdos del mundo, los ibéricos, y las ovejas que dan lugar a los quesos más sabrosos, las merinas, campan a sus anchas.
Todo es tranquilidad. La felicidad de las pequeñas cosas que la llaman los daneses. Por si todo esto fuera poco, es Andalucía. Y hasta en Dinamarca saben que una de sus mayores señas de identidad es el elevado número de horas del sol.
Lluvias primaverales generosas y una gran amplitud térmica hacen el resto para que las uvas de Tierra Savia crezcan felices. Pero de verdad.