Al olfato y al gusto… Digan lo que digan, moda y vino tienen más en común de lo que se pueda pensar. Quien diga lo contrario o hace mucho que no bebe en copa o aún más que no va de compras. De tiendas de vino, por supuesto. Pues eso, que los hay que son todo un básico. Imprescindibles que no deben faltar en ninguna ocasión. Fondo de armario lo llaman y en Extremadura y Jumilla los conocen como nadie.
Luego ya están los clásicos que nunca fallan. Los de las grandes ocasiones y los momentos inolvidables. En Ribera del Duero y Rioja, pero ahí, ya la cosa va por marcas… Matarromera, Torres o Arzuaga Navarro, que, por cierto, de moda sabe un rato. También los hay de temporada, de los que hay que buscar bajo el canapé de la cama. Blancos y rosados, bien fresquitos. Aún hay más…
Origen de los vinos frizzantes: las modas siempre vuelven
Y es que hay muchas más modas en esto del vino. Sí, están los de etiqueta, cada vez más creativas; los business casual, para entendidos de fin de semana; los informales que alegran y animan cualquier reunión; los importados, llegados de lejos para conquistar paladares; y, por último, los que suben como la espuma y dejan buen sabor de boca.
Pues los frizzantes son la suma de los dos últimos tipos y, además, están otra vez de moda. Más que ningún otro. A lo que importa… primero llegaron los italianos con sus moscatos y spumanti y sedujeron. No es algo nuevo. Ya en el s.I que se hablaba de vinos blancos de lo más burbujeantes. Si algo tiene la moda es que siempre vuelve . Como con los pétillant en Francia o los spritzig en Alemania. Eso sin olvidar que los vinos de aguja ya pegaron fuerte en España en los 60.