La acidez del vino suele venir de la propia uva y los ácidos más importantes en el vino son el tartárico, málico, cítrico y láctico. Y no debemos olvidarnos de uno más nocivo para el vino y perfecto para el vinagre que es el acético.
Vamos a tratar de contar las características de cada uno y como tener un vino equilibrado con buena acidez, por qué la acidez es la vida del vino.
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Los ácidos del vino y su vital importancia
Principales ácidos del vino
Los ácidos del vino están dentro de la uva o pueden surgir después de un proceso de fermentación que es el que producen los vinos.
Cada ácido tiene un aroma característico y una función especial que hace que el conjunto del vino sea equilibrado o redondo.
Analizamos cada ácido de manera genérica y sensorial para poder disfrutar del conjunto del vino.
Ácido Tartárico
Es el ácido por excelencia de los vinos, el que forma los tartratos, se utiliza para múltiples cosas en bodega.
Es el más importante ya que es el que hace que el pH sea más bajo y por tanto el vino sea más longevo y sano.
Tiene aromas frutales y es un poco picante en boca, parecido a los polvos de los dedos piruletas.
Ácido Málico
Es el ácido más potente, aporta mucha acidez, que puede ser desagradable y es por ello que existe la fermentación maloláctica, que se suele realizar en vinos tintos y algunos blancos como algún tipo de albariño o Txakolis.
Es de aroma parecido a la manzana verde.
Ácido Cítrico
Está presente en muchas frutas, como la naranja o el limón, pero también en la uva y su mosto. Es un ácido que evita la oxidación es un protector natural.
Su aroma es parecido al de la piel del limón.
Ácido Láctico
Siempre hay una pequeña cantidad de ácido láctico en los vinos, pero cuando su cantidad aumenta es cuando se realiza la fermentación maloláctica que hace que el ácido málico se vuelva láctico que es suave y elegante.
Su aroma es muy parecido al yogur.