Vuelve la emoción, la pasión y, por supuesto, los goles. La esencia del fútbol. Los que pudieron haber sido y no fueron, y los que subieron al marcador y no debieron hacerlo (de estos ya quedan menos). Luego ya vienen los polémicos, los de rebote y pura suerte, los que no sirven para nada, los del honor, los que baten récords y, sobre todo, los que dan títulos.
Está claro. El de Diego Armando Maradona contra Inglaterra en el Mundial de México 1986; el de Carlos Alberto contra Italia en México 1970; el de Pelé contra Suecia, precisamente en el campeonato de este país en 1958; el Michael Owen contra Argentina en Francia 1998 y, también el de Iniesta. ¡Goooool!