El vino blanco suele ser la opción preferida de los consumidores, el compañero ideal para muchas comidas, cenas, veladas o eventos. Sus propiedades, su versatilidad, su frescura y su inconfundible sabor lo convierten en la elección perfecta tanto en invierno como en verano.
Estos son algunos de los aspectos que caracterizan al vino blanco que debes conocer.
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Casi todo el vino blanco se fermenta sin piel
La fermentación es una de las etapas en el proceso de elaboración del vino. Se realiza justo después de la separación del mosto para dejarlo reposar y apartar los restos sólidos. A continuación, teniendo ya el mosto totalmente limpio, es cuando se procede a la fermentación, un proceso en el que se mantiene la cadena del frío (entre 14 y 16 ºC).
El vino blanco se fermenta en el interior del depósito sin las pieles de la uva y en este momento las levaduras se van alimentando de los azúcares presentes en el mosto, generando así el alcohol etílico y el dióxido de carbono. Dependiendo del tiempo que se dejen actuar las levaduras, se obtendrán vinos más o menos dulces, pero cuanto más tiempo pase, más azúcar van a adquirir.
Aunque hay vinos blancos que si se fermentan con sus pieles. Esos vinos blancos se llaman orange wines.