Vinos y Casquería. De las tabernas a los restaurantes de moda. A la casquería le pasa un poco lo que a las alcachofas. O se aman o se odian, aunque sí tienen término medio y no como con las lentejas que ya se sabe que o se toman o se dejan. Y si esto pasa a lo mejor es que no se ha tomado con el vino adecuado. Por cierto, le gustan los tintos. Siempre entre las mejores tapas del día y ahora han vuelto con más fuerza que nunca a las cartas de la nueva cocina. Callos, mollejas, morros, carrilleras, sesos y… ya se sabe, que de lo que se come se cría. Tampoco hay que olvidar la oreja. Eso sí, siempre bien frita. Y es que, ¡hasta del hígado salen hamburguesas con al menos dos estrellas Michelín! Tienen su punto, pero los guiris cuando vienen, ni probar este tipo de aperitivos.
Y ojo tenemos un restaurante en España solo de casquería con una estrella Michelín, la Tasquería, orgullo nacional casquero.
Vinos y maridajes que son puro amor visceral
Por supuesto, el vino sí les gusta casi con lo que sea. Mejor, así se toca a más y curioso porque no es solo cosa de España. Allí también las tienen. En Escocia lo más normal es que con las tripas de cordero, gachas de avena, cebolla y sal, hagan un pudin llamado Haggis; en Alemania tienen el Leberwurst de hígado sazonado con tomillo y otras hierbas aromáticas y lo untan en pan; y en Noruega lo más tradicional en Navidad es el Smalahove, la cabeza de la oveja salada y ahumada.
Eso sí, lo que les falta es el vino para acompañarlos. Y hay muchos más como el Lampredotto italiano, el Pieds et paquets francés y, por supuesto, los ya famosos anticuchos peruanos. Puro amor visceral que en España no se queda atrás. Tampoco es para menos. Hay cientos de recetas y todas están hechas al menos desde el corazón.