Sea como sea, es algo tan español como echarse después de comer la siesta en la tumbona o intentar poner una sombrilla tan solo con la fuerza de las manos. Tiene su técnica, pero mucho más curioso aún es lo del origen de la palabra. Lo que significa está claro… puesto de comida o bebida al aire libre.
Los que más gustan nada tienen que ver con las empresas fantasma de poca o dudosa legalidad o los puestos asignados a los políticos. Hasta ahí todo bien… el primero que hubo en España aún está en la playa de Sitges. Sin embargo, la idea viene de Cuba, pero no de las orillas del Caribe. Más bien de las plantaciones de caña de azúcar en las que los trabajadores hacían la pausa del café y lo elaboraban filtrándolo con un calcetín. El chorrito que de ahí salía lo llamaban chiringo…
Vinos que no son ningún chiringuito
Mucho ha cambiado la cosa desde entonces. Tanto en la gama de productos disponibles como, afortunadamente, en la forma de elaboración. A las vinos y bebidas bien fresquitas y cafés, eso sí, de cafetera se han sumado infinidad de opciones.
Los clásicos y los que más triunfan son los calamares a la romana, que al precio que está suele ser en realidad pota; el pulpo a feira; las almejas a la marinera, los boquerones fritos y las sardinas a la brasa, deliciosos ambos.
Tampoco pueden faltar las croquetas, la ensalada de tomate o su versión liquida en forma de salmorejo; la ensaladilla rusa; por supuesto, las paellas en todas sus variedades y los vinos para disfrutarlos. Y para que a partir de ahora solo haya que preocuparse por los fuera de carta, CataTú ha seleccionado algunos de los mejores.
Sepia a la plancha y blanco fermentado en barrica
Lo de la sepia también es de lo más curioso. Triunfa y mucho en los chiringuitos de playa. Para distinguirlo, tiene 8 brazos y dos tentáculos porque… ¡Cuidado!, no solo con la tinta porque las hay de más de 100 especies diferentes.
Eso sí, más fácil que encontrarlas en el mar, tienen un excelente camuflaje, es siempre cocinarlas. A la plancha, con el fuego intenso y ligeramente aliñadas con ajo, perejil y un chorrito de aceite de oliva.
Nada mejor para disfrutar de las vistas al mar y con un vino blanco fermentado en barrica de los que llegan al corazón. Por cierto, la sepia tiene tres así que hay para dar, repartir y enamorarse de los chiringuitos.