Fiambres y vino, no hay maridaje imposible, pero también hay que tener en cuenta que el Jamón York no existe. O al menos como se conoce en la actualidad, pero esa es otra historia. Cada cosa a su tiempo que es lo que hace falta para disfrutar del vino. Parar el reloj durante un rato y buenos alimentos.
Porque no hay que engañarse, fiambres los hay de todos los tipos y cada vez más. Mortadela, butifarra, pavo trufado o rellenos, … y hasta el choped, o la cabeza de jabalí tienen mucho en común.
Carnes previamente cocidas, en general magras, especiadas y en ocasiones embutidas, para disfrutar a bocados y siempre con una copa en la mano. Por supuesto, tampoco puede faltar en la lista el lacón que poco tiene que ver con el de York. Por cierto, este último respecto al original solo se parece en el nombre.
Contenidos
- Fiambres y vino para disfrutar sin complejos
- Maridajes que son todo ritmo para jamón York, fiambres y otros embutidos cocidos.
- Lacón (a la gallega) y Albariño de Rías Baixas.
- Butifarra (catalana) y Tempranillo de Rioja: Luberri maceración carbónica
- Mortadela (siciliana o boloñesa) y Moscato de Bodegas Ochoa
- Los mejores vinos para fiambres y otros embutidos cocidos.
Fiambres y vino para disfrutar sin complejos
Maridajes que son todo ritmo para jamón York, fiambres y otros embutidos cocidos.
Pues no, tampoco tiene nada que ver con el Estado de Nueva York ni con la Gran Manzana. Quizá sea porque se le ha escuchado a Mecano, una y otra vez. Ya se sabe… Ni aunque lo jure Henry Ford; no hay marcha en Nueva York; y los jamones son de York… Si eso en la ciudad del mismo nombre, pero en el Condado de Yorkshire de Inglaterra.
Allí, en 1860, un carnicero comenzó a curar el jamón de una forma muy particular. Cocido, después ahumado y servido con una salsa de Oporto. Rápidamente comenzó a ganar popularidad no solo por la deliciosa receta sino también por la ubicación del establecimiento. En Blossom Street, que no dice mucho, pero que cae a medio camino entre la estación y el hipódromo. Así se convirtió en el bocado perfecto entre carrera y carrera o más bien entre apuesta y apuesta.