Vino y setas. Tierra en estado puro. Algunos de los mayores espectáculos de la naturaleza, aunque muchos crean que son en primavera, se producen en otoño.
No solo por el cambio de color en el paisaje que transforman a los viñedos, tras la vendimia, en auténticas postales y cuadros. Dentro del propio paisaje hay cambios casi imperceptibles pero muy esperados durante el resto del año.
Hojas que van y vienen y, sobre todo, la aparición de granadas, las castañas y las setas. Auténticas delicias que solo se pueden ver en estas fechas y, además, de forma muy efímera.
¡Que llueva, que llueva, … la Virgen de la Cueva! Pocos alimentos son capaces de concentrar tantos aromas y sabores como el vino y las setas a las que estas últimas, además, aportan texturas exclusivas.
El hábitat que los rodea y el suelo sobre el que crecen son los responsables de sus matices únicos. Así, que ya sea con cesta y navaja o con cuchillo y tenedor, sin tratar de hacer una guía sobre su recogida, que para eso ya están los expertos, estas son las variedades de estas más apreciadas en las cocinas y los vinos con los que mejor maridan.
Contenidos
Maridaje de vino y setas.
Trompetas amarillas
Las auténticas gulas del monte que no del Norte. Abundantes a la sombra de los grandes pinares y en las fruterías, su aroma es tan dulce e intenso y su sabor tan afrutado que simplemente salteadas combinan a la perfección con algo tan sencillo como un huevo frito.
También es perfecto como ingrediente principal de preparaciones más elaboradas como un risotto al que su particular textura proporciona una cremosidad extra que lo vuelve irresistible.
Además, al camagroc, rossinyolic o camasec, como también se las conoce, le vuelven loca el jamón ibérico, los pimientos de piquillo y los vinos blancos de Chardonnay.