Cocinar con vino ya no es un secreto para casi nadie. Se ha escrito y, sobre todo, se ha hablado tanto sobre vinos y alimentos que en líneas generales todo el mundo sabe que… los tintos van mejor y se disfrutan más con carnes rojas, asados, guisos de caza y quesos curados.
Los blancos criados en madera, los finos y los cavas, con pescados en salsa, mariscos a la plancha, platos de pasta, ahumados y salazones, y ya con foie-gras la experiencia puede ser… ¡absolutamente irresistible!, ¿verdad?
Los rosados de Ribera del Duero o de Cigales son perfectos para pescados salteados, arroces de todo tipo y hasta con algunos platos de carne. ¿Qué más se necesita?
Más allá la cosa se va complicando un poco, pero siempre debe dominar el sentido común.
Beber el vino que a cada uno más le guste y disfrutarlo hasta la última gota. Se complica porque los blancos del Condado de Huelva maridan a la perfección con el choco y la gamba blanca, y el Ribeiro, y más si es de Albariño, con percebes y almejas.
Los rancios de Alicante con frutos secos. A los vinos de Jerez les va el escabeche y las aceitunas y a los del Penedés las parrilladas de verduras … las posibilidades son tantas como vinos y platos hay en la gastronomía española.
Cocinar con vino, pura pasión y devoción.
Los platos a los que mejor les sienta el vino
¿Y a la hora de preparar los alimentos? Rabo de toro en salsa, almejas a la marinera, carrilleras de cerdo ibérico, alcachofas a la montillana, liebre a la cazadora, riñoncitos al Jerez, perdiz escabechada, redondo de ternera con setas al Oporto, … son solo algunos de los tradicionales platos que se pueden encontrar en las cartas de muchos restaurantes y en las mesas de todos los hogares.
Todos tienen algo en común, ¡están cocinados con vino! Platos, salsas, guarniciones, y hasta postres. Ahí están los roscos, rosquillas, bizcochos y peritas para chuparse los dedos.